Moras

A veces, sólo a veces, tengo uno de esos momentos en los que puedo decidir qué hacer con algunos pedacitos de tiempo. El pasatiempos del mes de julio es la recolección. Ruborizada con estas temperaturas, la zarzamora nos está regalando su fruto maduro y lleno de sol. Me sorprendo entre las zarzas con un ritmo lento de pensamiento, respiración pausada, y atención aguda. Moviéndome despacio, observando precisa. Y observo las moras brillantes y tersas, las que están al alcance de mi mano y las más golosas, aquellas de difícil acceso que parecen estar hechas de un sabor más intenso. Observo mis ideas y me doy cuenta de un profundo sentimiento de gratitud y maravilla. Cada julio de cada año brotan las moras, la tierra hace su trabajo respetando sus ciclos. Una perfecta mecánica ajena a manos de hombres y mujeres, las estaciones son las manecillas del más preciso de los relojes. Todo sin esperar nada a cambio. O quizás sí..

Se me ocurre también que el trabajo de la recolección tiene que ver con lo femenino, e imagino a mis antecesoras recolectando con amor frutos para alimentar a sus hij@s, con esa misma actitud de quietud atenta. Y yo que me voy llenando las manos y el corazón de TIERRA.

Federica y Manuela participan de estos trances cotidianos…y también me queda algo de mirada, para observar a las dos minirecolectoras tiñéndose la sonrisa de morado y hablando con la boca llena.

Y me digo que parecen dos moras, madurando al sol.

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Verde

Pasan los días y el calendario se va tiñendo de verde, que es el color elegido para señalar las reservas.  Suspiro y me lleno de aire sereno al decir esto, porque la veleta empieza a definir su movimiento, y ya ha comenzado a llenarse de historias, de desayunos, de vacaciones.

Suspiro otra vez, y reconozco la paz de saberme en el camino que elijo.

En la cama elástica hay muchas huellas, algunas pequeñas y otras no tanto, los caminos de grava se asientan cada vez más sobre el terreno con las gravedades de los distintos pasos, los cojines se llenan de conversaciones y las almohadas de sueños.

Los espacios se habitan,

..los deseos se cumplen

…la veleta gira.

FIESTA

Mi gozo en un pozo. Yo preparando una fiesta sorpresa para Walter, quien como cada 21 de mayo cumplió años puntualmente, y el homenajeado tramando para el día elegido un plan de trabajo totalmente incompatible con los festejos. En qué momento del día compro las guirnaldas, si llega el camión con la grava, y hay más de diez guiones en la lista de cosas ineludibles. Es el último mes antes de verano y tenemos muuucho que hacer…así que después de tener compinchao a medio Cádiz..me vi en la situación de tener que anular el evento porque finalmente nos podía suponer más estrés que otra cosa.

Pero gracias a la disposición y colaboración de l@s convidad@s al festín, transformamos el guateque en una jornada de trabajo colectivo. Muchas gracias familia, la faena compartida sabe bien, los guiones tachados dejan  hueco para suspiros más profundos, y el sentirnos y sabernos acompañados es el mejor de los regalos.

La veleta gira con el calor de todas vuestras manos.

GRACIAS!!20150601_095959

así suena

Hace apenas unos minutos que he despertado en esta primera mañana de junio. La casa sigue durmiendo, y para aprovechar este momento de soledad he decidido escuchar cuáles son los sonidos de la Veleta en el mes de los girasoles.

Y.. .escucho gallos..unos más cerca,  otros más lejos…los pájaros con su agradable y constante arritmia,  el ladrido de un perro inquieto..ahora un suspiro de Federica, que se acomoda entre las sábanas..puedo sentir las cosquillas del silencio en los oídos.  El relinchar de un caballo. Manuela se agita en un sueño. Walter respira profundo.

Pájaros, muchos pájaros celebrando esta mañana.

Así suena la Veleta.

Huéspedes

La primavera lleva consigo abundancia, festival de flores y colores, aromas, vientos y seres. Hace días que veníamos observando la presencia de abejas merodeando por la cocina y los baños, que por cierto están en una fase muy avanzada de su desarrollo. Casi estábamos celebrando la finalización de la obra cuando la compañía de las pequeñas voladoras empezó a ser algo inquietante.  El zumbido aumentó en decibelios hasta parecer una orquesta de motosierras  y, demostrando un gran poder de convocatoria una comunidad muy unida teñía de negro el cielo de la Veleta. Si buscáis en vuestro imaginario el archivo “invasión de abejas”, (existen películas de terror sobre este tema frecuentes en Antena3 a la hora de la siesta) estáis cerca del paisaje de ayer.  Las niñas atrincheradas en casa , nosotros paralizados con la mandíbula distendida hacia abajo y la boca llena de asombro observando la primavera y su caprichosa abundancia.. Tras la parálisis inicial llamamos a un apicultor de la zona. Su diagnóstico fue rápido, desde que está en el gremio no había visto un enjambre de ese tamaño y calculaba que el pelotón se componía de 60000 soldados. Una gran batalla… Resulta que se trata de una sociedad muy organizada en una monarquía que no se cuestiona, y todas esas abejas y zánganos andaban buscando un buen trono para su majestad la reina. Pues oigan..aquí ondeamos la bandera republicana, así que hagan el favor…Como muchos pueblos, debido a la explotación han perdido el instinto de conservación de la especie y a veces se equivocan en sus asentamientos. La Veleta no es vuestro sitio chicas…como dijo la Lola, si me queréis..irse….Pero como no se iban, tuvimos que facilitarles el camino. El apicultor propuso poner justo debajo del enjambre un caja de madera con cera y miel que pudiera parecerles un alojamiento superior en estrellas al que habían elegido.  Decidimos por mayoría que Walter era  nuestro mejor hombre y fue el encargado de llevar a cabo la misión. Estaba ilusionado con ponerse el traje galáctico blanco de amigo de las abejas..pero  el apicultor que sí conservaba el instinto de protección de la especie prefirió ponérselo a su hijo, que vino como refuerzo…así  que su gozo en un pozo, y con la capucha de la sudadera y tragando saliva..se dirigió hacia el frente. Volvió media hora después con una mirada distinta..(no por el horror de la guerra sino por la picadura en el párpado) y con el sabor de la derrota, pues del propio peso el enjambre se había caído y no pudieron desplazarlo como suponían..allí se ha quedado la caja y hemos pasado la noche en la trinchera confiando en que las abejas decidieran desplazarse hacia un lugar más goloso. Esta mañana la Veleta ha despertado en silencio, y la caja estaba desbordada de abejas…de momento tenemos que esperar al desenlace.
Por si acaso..nos hemos planteado un posible  cambio de nombre. Yurtas la colmena.

Seguiremos informando..

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Violín, Flamenco y Kiriko.

Paco, el campero que le cuida el ganado al señorito de la vaquería nos regaló el otro día dos patitos. Walter fue a hablar con él para explicarle que habíamos amanecido  con una vaca en el jardín que se había desayunado y cagado todos los árboles del terreno. Una pena. Todo ramitas secas sin una gota de verde. Y el buen hombre  para ayudarnos a pasar el disgusto, va y le calla la boca con un par de patitos. A nosotros nos regaló la sorpresa, pero a esas dos criaturas que fueron bautizadas por Federica como Violín y Flamenco, les condujo a una vida penosa bajo las torpes caricias de mis cachorras y sus coleguitas. Violín era amarillo y Flamenco sigue siendo negro.  Hablo en pasado de Violín porque no sobrevivió a la visita de Juanito (nombre ficticio), un amigo de Fede con mucha testosterona y curiosidad por los límites de la naturaleza que no pudo resistir la tentación de ver qué pasaba si cogía por el cuello a Violín, y lo sumergía un ratito en el bebedero. Lo que pasó es que dejó de moverse y de hacer pio pio.. (porque los patitos cuando son pequeños hacen pio pio y no cua cua). Y allí estaba Flamenco picoteando al que fue su compañero,  que cada vez estaba más frío. El juego de la tarde se convirtió en el funeral de Violín, un cadáver manoseado por manos de niñ@ que querían acompañarle bajo tierra. Lo llevamos en la carretilla de Fede y cavamos un agujero. Allí descansa el patito, bajo la sombra de un acebuche.

Federica mató unas cuantas hormigas para poder enterrarlas porque  descubrió un gran entretenimiento en los ritos funerarios. Y Juanito intentó un segundo paticidio que no pudo culminar bajo la atenta mirada adulta. Se fue de casa diciendo con mirada angelical…el patito está matadito…

Al día siguiente Paco el vecino, el que le cuida el ganado al señorito de la vaquería, nos regaló otro patito amarillo, también bautizado como Violín, y un gallo joven de nombre Kiriko, al que le está creciendo la cresta y empieza a kirikear.

Prometo velar por sus vidas.

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Violín, Flamenco y Kiriko. Desenlace.

Y cómo acabó la historia de nuestros animalitos?

De nuestra convivencia con los patitos recordé una importante lección de psicología, y es que son como muchas otras criaturas, seres de apego. Al ser criados en el porche por mi promesa de protección hacia sus vidas, se estableció en su tierno cerebro la conexión neuronal que relacionaba el cagadero con las baldosas de terrazo, lo que me hizo entender la expresión popular “esto parece un bebedero de patos”.  Nuestro porche dejó de ser nuestro, para convertirse en un cagadero de patos, y no veas el ritmo digestivo de los animalitos.

En una asamblea familiar decidimos que la mejor solución era un traslado a un nuevo hogar dónde pudieran establecer otra asociación neuronal en la que cagar no se siguiera de un escobazo. Ahora viven y cagan en la Muela.

En lo que respecta a Kiriko comprendí de manera profunda la palabra gallardía, que viene de gallo. La naturaleza encierra muchos epítetos. Era de un vistoso colorido, su cresta crecía cada día, y tenía un caminar delicado desde sus patitas esbeltas. Todo un gallo gallardo que revolucionó el ciclo menstrual de nuestras gallinas quienes empezaron a poner huevos con generosidad.

Ya os habréis dado cuenta de que de nuevo, hablo en pasado.  Y aquí nos falta información, Kiriko desapareció una noche dejando muy tristes a las gallinas, y a nuestra huevera.

Y así es…comprobamos como cambian los tiempos vitales, el presente se convierte en pasado en un pestañeo.

fiebre

Ayer era el día elegido. Con la ayuda de unos amigos pretendíamos alzar la segunda yurta  pero  la fiebre de Manuela nos hizo redefinir el esquema de trabajo. Menos mal que la sabiduría de un pequeño organismo puso algo de orden a nuestra agenda, que a veces peca de querer abarcarlo todo.

Llevar adelante un proyecto puede ser y lo es muy empoderador, pero el empoderamiento va de la mano de la responsabilidad, y tomar decisiones, decisiones y decisiones cada día, con interrupciones, e interrupciones e interrupciones a cada momento puede ser, y lo es,  estresante. Ya veníamos advertidos de los contratiempos, y de los elementos inesperados, pero vivirlos tiene su qué. Y claro, el estrés familiar se expresa en un termómetro subido de tono y mejillas coloradas que nos invitan a parar por un momento las manecillas alborotadas de nuestros tiempos y hacer un RESPIRA con todas las letras. Lo que decía, gracias a la franqueza de un cuerpo que sabe lo que necesita y no lo ignora cambiamos los planes. La tarde de ayer fue para el cuidado y la presencia con nosotros y  nuestras hijas, la mejor de las medicinas. El termómetro respondió favorablemente, y en contra de lo que pudiera parecer hemos pasado una noche de sueño plácido y profundo.

Hoy sí que con nueva energía levantamos la segunda yurta!!

Gracias Manuela por recordarnos que cada cosa, a su tiempo.